miércoles, 14 de marzo de 2012

Hisham Matar


Javier Valenzuela publicó en El País un interesante perfil de Hisham Matar,
autor de Historia de una desparición.

El sol se ha abierto un hueco entre los lóbregos nubarrones del invierno londinense y derrama algo de luz y calor sobre la terraza del Holland Park Café. Las jóvenes señoras que constituyen el grueso de la clientela —con sus hijos, con sus perros o con sus hijos y sus perros a la vez— lo celebran con leves murmullos. Surgiendo de un sendero que discurre entre árboles desnudos y acometidos por la yedra, se acerca al café un hombre cubierto con un gorrito de lana grisáceo y un chaquetón igualmente anodino. Una ardilla lo esquiva mientras el rostro del hombre —redondeado, oscuro, cruzado por unas gafas— se va precisando. Debe ser Hisham Matar.
El hombre se presenta —parece tímido y cordial— y va a buscar un capuchino al interior del local. Es, en efecto, Hisham Matar, del que Salamandra publica en España su segunda novela, Historia de una desaparición (Anatomy of a disappeareance en la versión original inglesa). El libro cuenta en primera persona la historia de Nuri, un joven obsesionado con la desaparición de su padre, un aristócrata de ideas democráticas secuestrado por los esbirros de un innominado régimen totalitario árabe.El periodista que le esperaba en Holland Park Café sabe que a Matar le gustaría que su novela fuera leída como eso, como una novela, con independencia de la personalidad del autor y de lo que le pasó a su padre; le encantaría que el lector la abordara “tan solo a partir de sus propias memorias, emociones y pasiones”. Pero el propio Matar es consciente de que ahora le resulta imposible encontrar semejante “lector platónico”.“Intento conseguir el máximo impacto con el menor número de palabras”.
Ahora no hay modo de evitar conocer de antemano que el padre del novelista, el opositor libio Jabalia Matar, fue secuestrado en 1990 por sayones del coronel Gadafi en El Cairo, donde vivía exiliado con su familia, y trasladado a la siniestra prisión libia de Abu Selim, sin que desde entonces haya dado otras muestras de vida que alguna que otra carta que, al comienzo de su cautiverio, logró hacer llegar al exterior. Y sin embargo, Historia de una desaparición es una muy buena novela en sí misma: es corta, con la distancia exacta para contar lo que quiere contar, y está escrita con una prosa elegante que ha sido comparada por algunos críticos anglosajones con la de Nabokov.

viernes, 24 de febrero de 2012

Ni siquiera los perros


De todos los novelistas que he traducido hasta la fecha, Jon McGregor es sin duda el que más hondo me ha llegado. Ni siquiera los perros, igual que Tantas maneras de empezar, su anterior novela, es un alarde de capacidad de observación y pericia narrativa.
Laura Fernández hace una semblanza muy ajustada de este libro en un artículo publicado en "El Cultural".
Ni siquiera los perros
Jon McGregor
Traducción de Eduardo Iriarte
Salamandra, 2012
Jon McGregor (Islas Bermudas, 1976) no sólo es el británico más joven que ha estado a punto de ganar el premio Booker (en dos ocasiones) sino un experto en narrativa desmontable (sus historias parecen haber sido construidas con combinaciones de raídos cubos de madera que son en realidad pedazos de vida de sus protagonistas) y en personajes encrucijada, esto es, personajes que pudieron ser alguien distinto, alguien mejor, pero que tomaron el desvío equivocado y viven arrastrando tras de sí allá donde van el monstruoso cadáver de ese otro yo fantasma. Ni siquiera los perros, su última novela, es a la vez una autopsia en directo (McGregor narra el desmembramiento del personaje muerto protagonista con la frialdad de un curtido y eficiente forense) y un remolino de disparos al aire, de historias de personajes encrucijada que se perdieron una vez tratando de volver a casa y decidieron hacer noche junto al futuro cadáver de Robert Radcliffe, epicentro y única voz en silencio del relato.
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Historia de una desaparición


Historia de una desparición, todo un prodigio de sutileza y contención por parte de Hisham Matar, como muy bien ha sabido ver Rafael Narbona en este interesante artículo aparecido en "El Cultural" de El Mundo.

Historia de una desaparición
Hisham Matar
Traducción de Eduardo Iriarte
Salamandra, 2012

La "primavera árabe" no ha desembocado en un paisaje de transparencia y democracia, pero al menos ha liberado a Oriente Medio de una galería de déspotas que habían escandalizado al mundo con sus crímenes. Nadie que crea en la dignidad del ser humano puede justificar el linchamiento de Muamar el Gadafi, pero sólo un insensato puede alabar su legado, que incluye la masacre de la prisión de Abu Salim, donde tal vez perdió la vida Jaballa Matar, un destacado disidente que se había exiliado en El Cairo. Secuestrado por la policía secreta del régimen de Hosni Mubarak, fue entregado a Libia, donde presumiblemente sufrió torturas y unas terribles condiciones de confinamiento. Aunque en 1996 la familia recibió dos cartas del puño y letra del desaparecido, no es improbable que muriera ese mismo año con otros 1.270 presos políticos, fusilados y enterrados clandestinamente en fosas comunes, según Human Rights Watch.

Hisham Matar nació en Nueva York en 1970 y se licenció en arquitectura en Londres. A los 20 años, Gadafi le privó de su padre y le condenó a vivir en la incertidumbre. Ese dolor le inspiró su primera novela Sólo en el mundo (2005), donde relata el despertar de la conciencia moral y política en un niño que crece bajo una dictadura extravagante, donde el poder político combina el populismo, el fasto revolucionario y el terrorismo internacional. Sólo en el mundo es la historia de dos pérdidas. Solimán, su protagonista, se despedirá al mismo tiempo de su infancia y de su tierra natal, abrumado por la crueldad de un país sometido a las arbitrariedades de un megalómano. Sólo en el mundo fue elogiada por Coetzee y recibió infinidad de premios y reconocimientos. Es el único caso de primera novela que accede a la condición de finalista del Premio Man Booker.

[Leer más... http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/30561/Historia_de_una_desaparicion]

jueves, 5 de enero de 2012

Bukowski antes de Bukowski




Un interesante artículo de Paula Corroto en Público sobre Ausencia del héroe,
lo más reciente de Bukowski.


Ausencia del héroe
Charles Bukowski
Trad. Eduardo Iriarte
Anagrama, 2012

De Charles Bukowski (1920-1994) uno puede pensar lo siguiente: realismo sucio, lenguaje obsceno, frase corta, improperios. Putas. Borrachos. Cerdos. O bien, puede bucear un poco más y hallar a un gran intelectual y crítico literario, un pacifista imbuido de dulzura y un acérrimo buscador del amor. Un defensor de los derechos de los animales ("Igual las corridas de toros no son precisamente correctas", escribió en el relato inédito hasta ahora ¡Ah, liberación, libertad, lirios en la luna!) e incesante fustigador de la violencia en la infancia.
Desgraciadamente, el riesgo de imitadores de Bukowski y el hecho de que las primeras traducciones de su obra en España fueran de su producción más descarnadamente sexual (y más mediática), ha ocultado parcialmente su imagen más afectada. Sólo ahora con la reciente publicación de parte de su poesía desconocida Visor editó en 2009 La gente parece flores al fin y del volumen Ausencia del héroe. Relatos y ensayos inéditos 1946-2002, que Anagrama lanzará en unos días, el lector puede acercarse a un escritor que, si bien tenía matrícula de honor en palabrería soez, también era capaz de ponerse cursi: "Paseaba y era como si llevara el sol en mi interior", según escribió acerca del enamoramiento en su columna Escritos de un viejo indecente (1974).


[Leer más http://www.publico.es/culturas/415117/bukowski-antes-de-bukowski]

jueves, 8 de diciembre de 2011

Más Tierra desacostumbrada




Casi dos años después de su publicación en castellano, Tierra desacostumbrada sigue cosechando reseñas excelentes.

Tierra desacostumbrada

Jhumpa Lahiri
Traducción de Eduardo Iriarte
Salamandra

Decía hace poco José A. González Sáinz, uno de los escritores de más enjundia que uno pueda hoy día echarse a los ojos, que cada vez que volvía de Venecia o Padua a Trieste, su hogar actual, ese aura de no reconocerse en el hogar que le esperaba, ese acercamiento a la frontera, a la tierra de ninguna parte, hacía del viaje de regreso a casa un tránsito a la serenidad: las luces templadas de Trieste le recordaban que era de aquel lugar lo mismo que podía ser de cualquier otro donde se encontrara consigo mismo. O eso, o como decía Max Aub, “uno es de donde hace el bachillerato”. Trieste es esa ciudad que no es ni italiana ni eslovena sino triestina, de Claudio Magris, de los que habitan el Café de San Marco, de quien se siente parte de ninguna parte.
Desde ahí podemos entender la cita que encabeza el extraordinario libro de Jhumpa Lahiri “Tierra Desacostumbrada” que recomendamos en esta ocasión (en espléndida traducción, nos consta, de Eduardo Iriarte). Es del Nathaniel Hawthorne, extraordinario cuentista norteamericano, vecino de Emerson y de Thoreau, cuyo nombre figura en la dedicatoria de la alegórica “Moby Dick” de Herman Melville. Hawthorne, niño desarraigado cuyo padre le prohibía salir de la habitación siquiera para comer a fin de evitar el pecado, difícilmente pudo sujetarse a tierra o ideal alguno. La cita dice así, y es toda una declaración de principios: "La naturaleza humana no dará fruto, si se planta una y otra vez, durante demasiadas generaciones, en la misma tierra agotada. Mis hijos han tenido otros lugares de nacimiento y, hasta donde alcance mi control sobre su fortuna, echarán raíces en tierra desacostumbrada".

Próxima ausencia



A punto de llegar
Ausencia del héroe
Relatos y ensayos inéditos (1946-1992)
Traducción de Eduardo Iriarte
Anagrama

Charles Bukowski, una de las figuras más irreverentes de la literatura del siglo XX, fue un autor sumamente prolífico; tras publicar más de cincuenta libros en vida, muchos relatos y artículos importantes continúan dispersos o inéditos. Ausencia del héroe constituye una antología de esta obra desperdigada, buena parte de la cual permanecía oculta desde hacía décadas. Empezando por los primeros cuentos que publicó en revistas a finales de la década de 1940, Ausencia del héroe brinda al lector un viaje contracultural por las batallas literarias de los cincuenta, la agitación psicodélica de los sesenta, los placeres narcisistas de los setenta y la distopía reaganista de los ochenta.
Por el camino, Bukowski ofrece crónicas de sus infames recitales públicos, reseñas de su propia obra, desternillantes entregas de su columna en la prensa, «Relatos de un viejo indecente», y una serie de joyas recién descubiertas que no llegaron a publicarse. Sin embargo, este libro también tiene cabida para el otro Bukowski: un crítico literario astuto, si bien bastante excéntrico. Desde su propio «Manifiesto» hasta sus idiosincrásicas valoraciones de Allen Ginsberg, Robert Creeley, LeRoi Jones y Louis Zukofsky, Ausencia del héroe revela al intelectual oculto tras la áspera apariencia y es una importante contribución al canon de Bukowski.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

El libro de las maravillas



Presintiendo ya cercano el final de su vida, el narrador de El libro de las maravillas, ingresado en una clínica de reposo, se ve obligado a hacer balance. Ante el convencimiento de que lo experimentado hasta entonces no ha valido gran cosa, decide elaborar una suerte de catálogo de vidas no vividas. Es así como, tomando por modelo el libro de Marco Polo, va recopilando historias ajenas con el convencimiento de que «un cambio radical en el presente puede modificar de forma definitiva nuestro pasado». Llevado por una curiosidad insaciable por el prójimo, va dejando constancia escrita de las vivencias de otros pacientes, como Bridoso y su invierno de emigrante en Hamburgo, donde fue testigo de una trágica inundación, o Bessa, cuya travesía en el maltrecho Ponta do Sol por el Mar del Norte acabó en naufragio. Y entre estas vicisitudes y las de otros personajes —todos con su pasado a cuestas— que pueblan la clínica Dantas, va urdiendo una narración caleidoscópica que le permite compensar carencias pretéritas.

Con El libro de las maravillas Fernando Clemot logra un entramado de voces que van solapándose hasta dar cuerpo a una historia única e insólita, una novela de novelas que constituye una rotunda apuesta por el poder reparador de la palabra.