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lunes, 28 de febrero de 2011

Lo que sé del miedo



Supongo que un libro tiene tantas vidas como ejemplares se hacen de él. Muchas de esas vidas, por desgracia, quedan abortadas en algún almacén. Otras, imagino, se pierden entre envíos, repartos y devoluciones. Algunas se perpetúan en las bibliotecas, a la espera de reencarnarse para nuevos lectores.
Ha tenido que transcurrir un año de la publicación de Las huellas erradas para que entienda por fin lo que pretendía hacer cuando la escribí; para que entienda cuál era la vida que le deseaba a esa novela. Veo ahora que mi intención no era sino crear un pequeño catálogo de miedos, aunarlos y ordenarlos, relatar, al cabo, todo aquello que sé sobre el miedo, para así exorcizarlo de alguna manera. Solo ahora comprendo que la escribí para que esos miedos los pasaran los personajes por mí, pero también a fin de que alguien más los experimentara conmigo, y de esa manera fuesen más llevaderos. Ése es el impulso que me llevó hasta el último párrafo de una historia que ni siquiera después de tanto tiempo sabría decir de dónde salió.
Fue tal vez ese fin terapéutico o «regenerativo» que tenía en mente lo que hizo que me sorprendieran tanto algunas reseñas que parecían considerar Las huellas erradas una novela histórica sobre el carlismo. Me costó entender que se adscribiera a ese género un relato sin apenas referencias temporales, una narración que transcurre casi en el vacío y en la que, hasta donde recuerdo, no hay ningún personaje carlista. También hubo quien la vio como «un relato apasionante con la fuerza de su historia, el entorno y los personajes, demostrando que la novela negra puede acercarse a escenarios y épocas poco habituales que rezuman veracidad e intensidad». Nunca creí haber escrito una novela negra hasta que leí juicios así.
Supongo que uno escribe y otros muchos entienden o no, interpretan a su modo, reescriben de alguna manera, dando nuevas vidas a un libro que en mi cabeza solo tenía una posible, seguramente mucho más pobre. Pero lo que caló más hondo fueron comentarios sutiles, como el de una lectora que me hablaba de cómo había soñado con un personaje secundario de Las huellas erradas, un personaje ínfimo, cuya historia ocupa un par de páginas y solo aparece para morir. También recuerdo cómo una amiga se llevaba la mano al vientre cuando me relataba un pasaje especialmente trágico de la novela como si no la hubiera escrito yo, ni la hubiera leído siquiera. Son esas pequeñas muestras de sincero interés y agradecimiento, y no las críticas —más o menos elogiosas, en mayor o menor medida compartidas— las que, a la postre, llevan a «reiterar el reto», a buscar una nueva historia en la que verter dudas y temores, o algo completamente distinto, todavía desconocido, aún por averiguar.

miércoles, 9 de junio de 2010

Amargo poso


El rastro de la culpa
una reseña de Naila Vázquez Tantinyá aparecida en el suplemento cultural de La Vanguardia

La culpa, completa e inexpiable,
enajena mentes y nubla corazones.
La culpa, escondida en el latir de
cada página, es la fuerza motriz de
los personajes creados por Eduardo
Iriarte (Pamplona, 1968). Las
huellas erradas, sin ser una novela
histórica, tiene como telón de fondo
el fin de la Tercera Guerra Carlista
(1872-1876), un excelente marco
para trasuntar sobre los instintos
más bajos del ser humano. Según
el autor fue un momento de
“sentimientos a flor de piel, de acciones
viscerales sin el ruido de
fondo de la contemporaneidad, un
microcosmos que deja a los personajes
en el vacío”. Así, la historia se
construye sobre un soldado carlista
desertor que, pasado un año, viaja a Escarza,
el pueblo de su compañero
en el frente, para descubrir
que este asesinó a su novia y se quitó
la vida. A medida que va resquebrajando
el muro de silencio que
envuelve los hechos, desentraña
misterios más oscuros y aterradores,
fruto del despropósito, el infortunio
y la culpa sempiterna.
“Fragmentaria, elíptica, llena de
misterio y de introspección psicológica”,
para Iriarte su cuarta novela
se elabora con herramientas del
siglo XXI a pesar de la ambientación
pretérita. El autor navarro
destaca que su obra “transcurre en
la cabeza de los personajes” y, aun
pareciendo una frase tópica, en este
caso es de lo más certera, aunque
el lector deberá llegar al final
del misterio para entenderla realmente
y “completar el puzzle”. Con
un estilo cuidado y cercano a la
poesía, Iriarte no se pierde en vacilaciones
históricas. Si algo ha
aprendido como traductor, comenta,
es a no repetir los errores de los
muchos libros que ha traducido,
que invierten páginas en describir
un uniforme militar cuando hoy,
gracias al cine, no es necesario, cayendo
en reiteraciones que “lastran
la trama”. Para este filólogo inglés,
traductor y editor freelance,
en cuya lista de ilustres traducidos
figuran Auden, Kerouac, Wolfe o
Cornwell, su novela consigue, como
la poesía, tratar temas morbosos y
cruentos de una forma sensorial,
elegante; poética.
Las huellas erradas es un sórdido y bello
relato que consigue, además,
dejar al lector con la misma
sensación de impotencia, vacío e
injusticia que la guerra y la desidia
provocan en sus personajes.
Un amargo poso que vale la pena.

martes, 1 de junio de 2010

Traductor de oficio, escritor de espíritu



Un simpático perfil publicado en l'informatiu.com.

Es uno de los traductores literarios más reconocidos de nuestro país, pero su deseo es tener el mismo reconocimiento de su labor como escritor. Persiguiendo ese objetivo Eduardo Iriarte presenta ahora Las huellas erradas, su cuarta novela y la tercera consecutiva premiada.
JUAN E. TUR.

En la Navarra de 1876 dos soldados del bando liberal deciden desertar cuando la guerra ya está prácticamente ganada y los carlistas comienzan a huir a los Pirineos. Lo extraño de la situación acontece cuando, la misma noche del regreso de uno de ellos a su pueblo natal, aparecen los cadáveres de la que fuera su novia, al parecer asesinada, y de él mismo, que podría haber puesto fin a su propia vida. Un año después, el otro soldado que huyó con él, incapaz de creer esa versión, va a es pueblo a indagar qué sucedió aquella noche a su compañero. Ése es el punto de partida de Las huellas erradas, la nueva novela de Eduardo Iriarte, y su último intento hasta la fecha de consolidar su carrera como escritor una vez que su labor como traductor -ha traducido autores tan dispares como Patricia Cornwell y Charles Bukowski- le haya granjeado una excelente reputación en el gremio editorial.
La novela, contextualizada en un hecho histórico y remoto, y su portada, con un lienzo barroco y que también hace referencia a ese contexto, sugeriría que nos encontramos ante una novela histórica, pero, según su autor, no lo es. Al menos desde un punto de vista convencional: "Está alejada del costumbrismo, y del estilo descriptivo y moroso que se tiene asociado con las novelas históricas. En cambio hay misterio e introspección psicológica. A mí lo que me interesa son los personajes, ver cómo empiezan a ser conscientes de sus actos y a intuir las consecuencias que van a tener. La novela pasa dentro de los personajes y a través de sus miradas volvemos a la noche de los crímenes desde distintos puntos de vista".
"No creo que me influya el estilo de los autores que traduzco, pero sí suponen un aprendizaje muy importante" reconocer Iriarte
No obstante, pese a no ser histórica, Iriarte se ha preocupado por cuidar los detalles y apunta haber contado con la ayuda de historiadores para asesorarse sobre lo que podían o no decir los personajes y cómo estos se conducirían dependiendo de las circunstancias. Además el hecho de enmarcar la acción en esa época no es casual: "La novela habla de temas que yo considero muy actuales, como son el miedo y la culpa, y que creo que definen el siglo XXI. Yo quería analizarlos, pero como en la actualidad hay mucho ruido y confusión, lo traslade a un contexto donde pudiera aislarlos, como si de un laboratorio se tratara. Y por eso los llevo al pasado y a un pueblo perdido en los Pirineos".
Un escritor con discurso propioLas huellas erradas es la cuarta novela de Iriarte, que aunque también ambientó la anterior en el pasado (Más allá de la palabra transcurre en 1908), no circunscribe sus relatos en épocas remotas, como demuestran sus dos primeras obras, y lo hará en la que trabaja actualmente ("con un trasfondo urbano y contemporáneo"). Del mismo modo, el autor insiste en desmarcar su estilo del de los autores más reputados que ha traducido y que se suelen citar en su perfil, aunque reconoce que esa labor de traducción es enriquecedora: "No creo que me influya el estilo de los autores que traduzco, pero sí suponen un aprendizaje muy importante. De alguna manera, al ir conociendo el estilo de otros autores, al escribir me puede resultar más sencillo utilizar algunos de sus recursos para armar mis propias novelas".
Iriarte confiesa entre risas que en la relación de escritores a los que traduce hay algunos que prefiere omitir y que, como en los últimos tiempos se está dedicando a la traducción de poesía ("algo que requiere un esfuerzo especial y que haces casi por amor al arte"), lo compensa con la traducción de bestsellers ("mucho más sencillos de abordar y mucho más rentables"). "Pero de ahí también se aprende", matiza, "pues traduciendo alguna novela mediocre uno puede ver lo que falla, lo que no te interesa, aquello que en definitiva quieres evitar".
Esta es la tercera, de cuatro novelas, que Iriarte publica como resultado de ganar un concurso literario, algo que el autor no considera casual. "A mí me resulta más fácil convencer a los jurados de los premios que los editores (sonríe)."

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Entre las brumas

Llega ahora a mis manos una muy elaborada y generosa reseña de Las huellas erradas publicada en la revista de humanidades biTARTE.

Entre las brumas
Eduardo Iriarte ganó con Las huellas erradas el III Premio Logroño de Novela. Más que merecidamente, con toda seguridad. Se trata de un texto maduro, exacto en la elección de las secuencias así en la de un léxico muy ajustado al ambiente rural en que transcurre la acción. Pero lo más destacable es la atmósfera que baña a los personajes tanto interior como exteriormente. Se trata un aire en el que parecen haber desaparecido el tiempo y el espacio. Y casi la individualidad. Hay dos novelas, por lo menos, en las que se utiliza de manera muy inteligente la borrosidad física, ambiental. Una es El fuego (1916), de Barbusse, y la otra, Blancos y Negros (1899), de Arturo Campión.
En la primera el autor francés organiza un episodio en torno al barro. Sucede durante uno de los infinitos días de trincheras de la Primera Guerra Mundial. Lleva un montón de tiempo lloviendo y todo se vuelve gris, las trincheras, la tierra de nadie y, sobre todo, los uniformes. De pronto nadie sabe a qué bando pertenece, el barro unifica a los contendientes impidiendo que disparen, no vayan a hacerlo entre sí.
En la novela de Campión, la lluvia y la niebla se enseñorean del pueblón de Urgain: «Llueve, llueve, llueve. Quince días de lluvia incesante, inagotable, irrestañable […] El paisaje, materialmente diluido en la acuosa atmósfera lograba, a duras penas, salvar de aquel emborronamiento algunos rasgos». El párrafo citado se encuentra en el comienzo de la novela. Campión quiere que al borrarse todo, el paisaje, las calles, se borren también las diferencias entre blancos y negros, es decir, entre los contendientes que acaban de enfrentarse en la segunda guerra carlista. Y todo para que parezca que hay paz y puedan aflorar unos sentimientos distintos, más fraternales. Sólo que al igual que lo que ocurrirá en las trincheras del norte, el barro, la lluvia y la niebla serán efímeros, y el conflicto que parecía suspendido rebrotará con su cortejo de muerte.

Pues bien, en Las huellas erradas de Eduardo Iriarte ocurre algo parecido. La borrosidad se asienta en la novela desde el comienzo. Simón, el protagonista, tiene dificultades no sólo para encontrar la tumba de su amigo Andrés en el cementerio del pueblo de Escarza sino que también le cuesta lo suyo encontrar el propio pueblo y el cementerio. El segundo párrafo de la novela no puede resultar más elocuente: «Le había llevado el día entero hacerse una composición de lugar y orientarse entre los caseríos desperdigados y el denso cogollo de casas que formaba el pueblo en sí.
El cementerio estaba alejado, al abrigo de una colina que ningún camino Le había llevado el día entero hacerse una composición de lugar y orientarse entre los caseríos desperdigados y el denso cogollo de casas que formaba el pueblo en sí. El cementerio estaba alejado, al abrigo de una colina que ningún camino sorteaba, como si hubiera una intención palmaria de dificultar la llegada hasta allí, quizá por miedo a que el trayecto resultara demasiado accesible. Los chopos rodeaban el recinto como un refuerzo del muro que lo delimitaba. Las siluetas espigadas proyectaban las últimas sombras del día contra el enlucido áspero y agrietado. Algo más allá, las aguas del río formaban un remanso que guardaba respetuoso silencio allí donde descansaban los antepasados y añoraban sus huesos el frescor de la corriente.»
Muy pronto descubriremos que hay dos clases de brumas. Por un lado, están las del pueblo de Escarza, una niebla geográfica que oculta la borrosidad moral de sus habitantes. Por otro lado está el mundo borroso en el que vive Simón, el protagonista. Simón ha emprendido el viaje hacia el pueblo de Escarza para encontrarse con su amigo Andrés, con quien ha vivido la misma guerra que noveló Arturo Campión, pero en su caminar va mezclando el hoy con el ayer, los recuerdos con la realidad. Simón habita en una especie de sopa o niebla temporal que va a chocar con el velo no menos espero con que le acogerá el lugar de Escarza. En primera instancia, todo parece indicar que las sombras que gravitan sobre escarza lo hacen para ocultar con su manto un comprensible rechazo a la guerra recién acabada, como hicieron los habitantes de Urgain en la novela de Campión.
Ocurre como si nadie quisiera recordar que hubo dos bandos enfrentados a muerte. Y eso no puede extrañarle mucho a un Simón que busca lo mismo, olvidar, no en balde desertó con Andrés mientras luchaban contra unos carlistas en plena desbandada. Las sombras que lleva dentro el propio Simón pretenderían, pues, ocultar, también en primera instancia, unos hechos muy dolorosos de los que tuve que salirse. En un más difícil todavía, la guerra había vuelto indistinguibles los uniformes pero no ya debido a una suerte de barro primigenio que reduciría a sus orígenes a los contendientes, como imaginó Barbusse, sino por culpa de los atropellos intercambiables y, por consiguiente, indignos y rechazables.

Una vez en Escarza, Simón se da cuenta, sin embargo, de que sus gentes no sólo han tendido una posible cortina de humo sobre los acontecimientos de la guerra sino que, en realidad, la están tendiendo sobre lo que rodeó al regreso de su amigo Andrés. Y lo sabe porque nadie quiere hablar del tema, todos lo evitan. Finalmente, el cura le contará que Andrés murió en unas circunstancias tan banales que mejor es no removerlas. Con ello, el cura no consigue sino acicatear la curiosidad de Simón. Tal vez porque se siente un poco Andrés, no en balde la niebla que Simón lleva dentro acaba por indiferenciar no sólo el presente y el pasado, los distintos hechos y lugares, sino incluso a las personas entre sí.
Y será esa pesquisa la que lleve, de rebote, a despejar la bruma que le habita y en la que lleva inmerso desde el final de la guerra. Buscando a Andrés, Simón se irá encontrando a sí mismo. Con una pega, conforme vaya descorriendo la doble cortina de humo se verá confrontado a la fuerza de todo un pueblo que sólo quiere que todo quede tapado a fin de tranquilizar su conciencia y evitar responsabilidades.

Eduardo Iriarte ha construido un relato espléndido sobre una base que parece puramente meteorológica. Al principio es la niebla. Una niebla que envuelve el pueblo de Escarza y también a Simón y al pastor Eugenio, un personaje ligado a la peripecia central que también se metió en la niebla para huir de la realidad y acogerse a la sombra protectora de sus deseos. Luego, la niebla se disipará con resultados trágicos. Entretanto y a lo largo del proceso irán apareciendo una serie de hitos sangrientos, una cadena hecha de elementos dispares que tienen que ver directamente con la realidad, por oposición al universo de la niebla y de las sombras, del ocultamiento.
El primer eslabón de la cadena lo constituye el cuerpecillo de la niña ensangrentada como consecuencia de un disparo durante una escaramuza de guerra. Le sigue un segundo hito, el de la gallina que degüella la cecina de Escarza con quien primero se entrevista Simón y que remite, por sus cualidades plásticas, a la niña ensangrentada. La cadena continúa con la paloma, a la que el pastor Eugenio arranca la cabeza, y con la perra a la que también mata el pastor para evitar, en ambos casos, que el cura, y con él el pueblo, hurguen en sus sombras. Unas sombras en las que también hay una oveja preñada que desaparece y un feto humano muerto.
Pero al mismo tiempo que esos hechos sangrientos sirven para mostrar la realidad que se oculta debajo de la sombra, sirven, al remontarlos a la secuencia cronológica real –no en la que se presenta al albur de la memoria--, para que Simón y Eugenio busquen una expiación por anticipado, ya sea a través de la niña ensangrentada, en el caso de Simón, ya a través del nasciturus —y de quien lo llevaba en su seno— por lo que se refiere a Eugenio. Destinos oscuros en un mundo oscuro cuidadosa y rigurosamente pintado por Eduardo Iriarte. Tragedia rural en una época y un medio no cabe más oscurantistas. No en vano se trata de la España de finales del XIX.
Elena Abaurrea Oroz
biTARTE
Revista de humanidades, abril de 2010

martes, 27 de abril de 2010

Entrevista en ORM


Una entrevista en ORM sobre
Las huellas erradas.

Reflexiones



Iriarte reflexiona sobre el sentimiento
de culpa en «Las huellas erradas»

El escritor navarro
Eduardo Iriarte reflexiona en
su última obra «Las huellas
erradas» (Algaida), con la
que obtuvo el III Premio Logroño
de Novela, sobre los
sentimientos de «miedo yculpa
»de la sociedada través de
los personajes de dos combatientes
del ejército carlista
que se refugian en los Pirineo
Navarro en 1876.
Iriarte señaló a Ep que la
obra, además, recoge «una
crónica cruenta de las guerras
carlistas a través de las
narraciones que se contaban
antes en los pueblos, es decir,
relatos en los que no se sabía
donde terminaba la historia
realy donde comenzaba laleyenda,
una zona crepuscular
en la que se mezcla lo real y
lo fantástico».
En este sentido, precisó que
la novela presenta «pinceladas
de novela gótica anglosajona,
pues conviven en el
mismoplano narrativo los espectros
y los personajes vivos,
buscando el punto intermedio
».
Con respectoalaelección de
pueblos navarros de los Pirineos,
el escritor afirmóque le
interesaba que fuera«unahistoria
oscura para ofrecer un
relato más evocador». Además,
dijo que su intención era
que «los personajes estuvieran
aislados», si bien, «la novela
trata temas actuales como
podrían ser la violencia
de género, la culpa y el miedo,
siendo estos últimos los
motores de la trama». Asimismo,
dijo que trasladando al
pasadoalos personajes «seeliminan
los ruidos de fondo de
la sociedad actual».
Iriarte confesóque, comohipótesis
de trabajo, se planteó
narrar la historia en Rusia
tras la II Guerra Mundial. Si
bien, reconoció que «la historia
hubiera sido la misma,
pues trata temas universales,
pero el desarrollo de la novela
reflejó que el ambiente alejaba
demasiado la trama»,
por lo que consideró que «la
novela ganaba intensidad si
la situaba en un paisaje más
cercano como eran los Pirineos
Navarros».
Contra la propia sangre
Además, apuntó que al factor
de proximidad hay que añadir
que «las guerras carlistas
forman parte de un conflicto
prolongado en el tiempo hasta
la Guerra Civil e impregna
la historia de este país».
Asimismo,manifestó que «le
interesaba el trasfondo históricode
la guerraentrehermanos
para reflejar el conflicto
de la sangre que se vuelve
contra la propia sangre y la
microhistoria, es decir, la vida
de los personajes anónimos
y no la vida de grandes
héroes».
ABC

Estampas promocionales


Multitudinaria foto de los autores
en Sant Jordi antes de las firmas.


Con David Barbero.


"Encarcelado" en Bilbao.


Presentación de Las huellas erradas en Barcelona, con las autoridades.


Presentación de Las huellas erradas en Pamplona.



En el programa Forum, de ETB.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Autor errante

«Sometido por una fuerza que ahora, al fin, reconocía infinitamente superior, Simón se dejó deslizar hacia el silencio absoluto en busca de lo inasible, dispuesto a descubrir la duración del abismo». El pasado 6 de octubre, José Manuel Caballero Bonald, presidente del jurado del III Premio Logroño de Novela, destacó en el acto de entrega «el estilo siempre evocador y sugerente de la prosa» de Eduardo Iriarte (Pamplona, 1968), autor de 'Las huellas erradas'. Un solo párrafo basta para comprobar hasta qué punto. En cambio, para comprobar además «el impecable sentido de la tensión narrativa» es necesario leer el libro completo.«Sometido por una fuerza que ahora, al fin, reconocía infinitamente superior, Simón se dejó deslizar hacia el silencio absoluto en busca de lo inasible, dispuesto a descubrir la duración del abismo». El pasado 6 de octubre, José Manuel Caballero Bonald, presidente del jurado del III Premio Logroño de Novela, destacó en el acto de entrega «el estilo siempre evocador y sugerente de la prosa» de Eduardo Iriarte (Pamplona, 1968), autor de 'Las huellas erradas'. Un solo párrafo basta para comprobar hasta qué punto. En cambio, para comprobar además «el impecable sentido de la tensión narrativa» es necesario leer el libro completo.

[Leer más...]

http://www.larioja.com/v/20100323/cultura/escribo-para-sabria-ponerme-20100323.html

http://www.deia.com/2010/03/22/ocio-y-cultura/cultura/los-traductores-son-los-forenses-de-las-novelas-las-destripan-y-las-vuelven-a-armar

http://www.elcorreo.com/alava/v/20100323/rioja/historia-para-toda-vida-20100323.html

http://www.20minutos.es/noticia/657853/0/

http://www.lasprovincias.es/v/20100320/culturas/comunidad-20100320.html

sábado, 13 de marzo de 2010

Tras las huellas


Iriarte, tras las huellas erradas

Eduardo Iriarte presentó ayer en Barcelona a la prensa su novela Las huellas erradas, ganadora del Premio Logroño de novela, publicada por Algaida. Se trata de una narración ambientada en el final de las Guerras Carlistas que nos muestra cómo dos soldados desertan. Uno de ellos se ve envuelto en un cruento suceso: al llegar a su pueblo asesina a su novia y después se quita la vida. Pero su amigo no acaba de entender cómo pudo suceder y un año después, se traslada al lugar de los hechos (un pequeño pueblo navarro) para tratar de aclarar qué ocurrió. Por eso Iriarte hace hincapié en que no es una novela histórica sino una novela de intriga, tanto externa (hay que resolver el suceso) y como interna, porque la reflexión sobre la culpa es, en realidad, el motor de la novela. Iriarte es traductor (uno de los últimos libros que ha traducido ha sido En tierra desacostumbrada de Jhumpa Lahiri) y los traductores son de alguna manera los forenses de la literatura, los que abren los libros en canal y dan la vuelta a cada una de las palabras que encuentran dentro. Al preguntarle si eso le ha permitido hallar algún truco o patrón de escritura comenta que justamente lo que ha aprendido es “lo que no ha de escribir”, y que especialmente le preocupa no caer en la reiteración o en la descripción de lo que ya sabemos como es habitual en la novela histórica. Iriarte, nacido en Pamplona en 1968, lleva doce años afincado en Barcelona y con esta suma ya cuatro novelas y tres premios: anteriormente ganó el Premio Gabriel Sijé con Sombras lentas que caen (2005) y el premio Francisco Umbral con Más allá de la fragua (2007).
Qué Leer
Antonio Iturbe

lunes, 8 de marzo de 2010

Primera reseña



Reseña en El Correo de

Las huellas erradas

Gana Eduardo Iriarte (Pamplona, 1968) el Premio Logroño con novela rara, mágica, insólita y muy extranjera: 'Las huellas erradas' (Algaida). Editor, traductor, filólogo, lo que le sobra es mucho oficio, elegancia a raudales y ya algún premio en su haber que orla todo lo anterior: 'Más allá de la fragua' (Premio Francisco Umbral) o 'Sombras lentas que caen' (Premio Gabriel Sijé). Se ve deudor de la novela negra, de la poesia de Auden y Ashbery, de las novelas de Onetti, Conrad o McEwan; se aparta de la tradición, y hace novela histórica sin hacerla propiamente, y hace novela psicológica casi en la onda de Dostoievsky. Lleva muchos años en la traducción de autores anglosajones (Auden, Wolfe, Spender, Maugham...) y eso le ha dado una musculatura y toda una poética no patria: «Mi intención era llevar a cabo una suerte de maniobra envolvente para atrapar al lector en los primeros capítulos a fin de poder llevarlo posteriormente al terreno de los personajes de manera que vea y sienta lo que ellos ven y sienten». Caballero Bonald ha subrayado su estilo sugerente, evocador, su finura a la hora de plantear una incógnita, un misterio, y su prosa poderosa al tirar del hilo, trasciendo los géneros, un triángulo que va de la novela introspectiva a la psicológica o la histórica. Y todo en mitad de un contexto insólito, raro: la tercera guerra carlista en el pirineo navarro. Un motor o arranque del texto que el autor fija sin duda alguna: «Esta historia vino, como todas mis novelas, de una imagen. Vi a un soldado que volvía a casa del frente, pero que en vez de regresar alegre e ilusionado, llevaba el miedo en la mirada. A partir de ahí, empecé a preguntarme qué impulsaba a ese soldado a continuar su camino de regreso cuando todo parecía indicar que no le esperaba sino un destino funesto». Novela de averiguación; personajes de perfil sobre los que se va investigando, un maravilloso ir jugando con las cartas progresivamente boca arriba. Dos temas muy rusos, pura novela rusa, clásicos: la venganza y la culpa como verdaderos motores inmóviles o últimos de un fatal desenlace. Dos temas también muy españoles, especialmente nuestros: la huida y la imposibilidad de volver. Lo inesperado en mitad del este poderoso y feroz cuadrilátero.

Diego Medrano, El Correo http://www.elcomerciodigital.com/v/20100309/gente/eduardo-aute-20100309.html

martes, 2 de febrero de 2010

Las huellas erradas


Las huellas erradas, a punto de llegar...

El jurado del Premio Logroño de Novela escogió como ganadora Las huellas erradas, de Eduardo Iriarte, "por su elegancia poética, combinada con un ritmo intenso que hace que no se pierda el interés a lo largo de sus páginas". El presidente del jurado, José Manuel Caballero Bonald, [...] ha recalcado que a lo largo de las páginas de Las huellas erradas se percibe que su autor "ha traducido a grandes poetas, mantiene un fraseo elegante, un estilo muy cuidado y describe momentos de una gran belleza plástica", motivos por los que ha justificado el premio.
El novelista madrileño Martín Casariego, ganador de la anterior edición de este premio ha incidido en que Iriarte "ha conseguido mantener el ritmo a lo largo de todo el libro y que nunca se pierda el interés". Sobre su experiencia personal cuando obtuvo este galardón ha afirmado que su ganador "va a comprobar que la novela va a estar bien editada", por Algaida, "va a ser bien distribuida y va a estar mucho tiempo en las librerías". Otro de los miembros del jurado, el vallisoletano Gustavo Martín Garzo, ha afirmado que la novela ganadora "tiene momentos desgarradores, dentro de un mundo sórdido como el de la guerra", y ha asegurado que, en su opinión, "estamos en un buen momento para la literatura, hay buenos escritores y libertad".


Enlaces relacionados con esta noticia:
Noticias de Navarra
http://www.noticiasdenavarra.com/2009/10/07/ocio-y-cultura/cultura/el-pamplones-eduardo-iriarte-gana-el-premio-logrono-de-novela
RTVE
http://www.rtve.es/mediateca/videos/20091007/informativo-telerioja-07-10-09/600971.shtml
Rioja2.com
http://www.rioja2.com/n-50399-705-Cronica_huella_errada
El Cultural de El Mundo
http://www.elcultural.es/noticias/LETRAS/505291/
Diario SigloXXI
http://www.diariosigloxxi.com/texto-ep/mostrar/20091006220524
Fundación Caja Rioja
http://www.cajarioja.es/fundacion/index.php?id=25
larioja.com
http://www.larioja.com/multimedia/fotos/local/44501-premio-logrono-novela-0.html
ciberanika.com
http://ciberanika.blogspot.com/2009/10/eduardo-iriarte-premio-logrono-de.html
Algaida Editores
http://blog.algaida.es/wp1/?p=244
ADN
http://www.adn.es/cultura/20091006/NWS-3435-III-Iriarte-Eduardo-Logrono-Novela.html
RiojaTV
http://www.lariojacom.tv/index.html#frontaleID=F_
RIOJA&sectionID=S_TVRIOJA&videoID=54355
Diario de Navarra
http://www.diariodenavarra.es/20091007/culturaysociedad/el-navarro-eduardo-iriarte-premio-logrono-novela.html?not=2009100702135744&idnot=2009100702135744&dia=20091007&
seccion=culturaysociedad&seccion2=navarra&chnl=40