miércoles, 8 de mayo de 2013
miércoles, 10 de abril de 2013
Callejero emboscado
Seguramente sólo así se puede ejercer la poesía ahora, desde la distancia y el aislamiento más radicales. Daniel Aguirre encarna la figura del poeta emboscado como pocos en la actualidad. En tiempos de premios amañados, colectivos de ayuda mutua y poesía liviana y accesible, Aguirre opta por la esencia con una obra lenta, acendrada y sin concesiones.
En la década transcurrida entre la publicación en Lumen de Del fondo de la piel hasta la aparición de sombra de emboscado y Así extravíe el callejero en Amargord, Aguirre nos ha brindado traducciones canónicas de poetas como John Ashbery, Wallace Stevens o W.B. Yeats que sin duda han ido dejando poso en sus propios poemas.
La espera ha merecido la pena.
Cuento
agrandaron la huella de los lobos
ARNALDO CALVEYRA
Se extravió en humedal de anónima manada,
especie que lamía sin testigos
amanecer o sangre
circular. Entre la risa
distinguía el trago helado,
intemperie llamó al chico la nodriza.
Y si es atajo
todo el bosque, quién correrá
del escondite al árbol.
Se extravió veloz, canto en quebrada.
Qué esfuerzo de la curva
por ir jugando, por ir
sorteando rastro aún. Si tan sólo llegaba
el chico al sesgo,
ceguera de su padre desvelado.
Y si es atajo
todo el bosque, quién correrá
del escondite al árbol.
Como quien corre nuevo
monte, se extravió: y aquella brisa
de lobo a la escucha. Tanta sombra
devoraba su roca
que cumplió cómplices atardecer y tarde.
Y si es atajo
todo el bosque, quién correrá
del escondite al árbol.
Daniel Aguirre, sombra de emboscado
miércoles, 20 de marzo de 2013
La bruma de la adolescencia
Ya falta menos para ayer o la bruma de la adolescencia.
Una reseña de Mercè Sàrrias para "Núvol, el digital de cultura".
La adolescencia es para muchos una experiencia de adentrarse en la bruma espesa de los sentimientos no expresados, de las relaciones complicadas y las dobles vidas, de cosas que no se ceuntan y de experimentación con el peligro. Una edad convulsa y confusa, de autodefinición y de inseguridad, donde somos más débiles y más fuertesnos creemos. Como mínimo, lo fue para muchos que la vivimos en los años ochenta, pero creo también lo es para los de otras generaciones, algumas más o menos tocadas por la droga, otras más politizadas, y estas últimas, definitivamente más protegidas pero igual de divagantes.
Una época en la que se trazan los límites de lo que será uno después y donde también se rompen trayectorias de una vez por todas. Tiempos en los que parece que el azar juegue una carta muy importante, aunque después, tal vez, nos paremos a pensar y decidamos que todo tiene una cierta lógica que venía de lejos, de todos estos años cuando aún no eran adolescentes, que nos empujaron poco a poco disimuladamente en aquella dirección.
Es en esta bruma de la adolescencia donde se adrenta Eduardo Iriarte...
[Seguir leyendo... http://www.nuvol.com/critica/ya-falta-menos-para-ayer-o-la-boira-de-ladolescencia/]
Una reseña de Mercè Sàrrias para "Núvol, el digital de cultura".
La adolescencia es para muchos una experiencia de adentrarse en la bruma espesa de los sentimientos no expresados, de las relaciones complicadas y las dobles vidas, de cosas que no se ceuntan y de experimentación con el peligro. Una edad convulsa y confusa, de autodefinición y de inseguridad, donde somos más débiles y más fuertesnos creemos. Como mínimo, lo fue para muchos que la vivimos en los años ochenta, pero creo también lo es para los de otras generaciones, algumas más o menos tocadas por la droga, otras más politizadas, y estas últimas, definitivamente más protegidas pero igual de divagantes.
Una época en la que se trazan los límites de lo que será uno después y donde también se rompen trayectorias de una vez por todas. Tiempos en los que parece que el azar juegue una carta muy importante, aunque después, tal vez, nos paremos a pensar y decidamos que todo tiene una cierta lógica que venía de lejos, de todos estos años cuando aún no eran adolescentes, que nos empujaron poco a poco disimuladamente en aquella dirección.
Es en esta bruma de la adolescencia donde se adrenta Eduardo Iriarte...
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miércoles, 6 de marzo de 2013
Pamplona revisitada
Eduardo Iriarte revisita la Pamplona de los años 80 en su novela "más personal"
El escritor navarro apuesta por una visión nada tópica de los Sanfermines
Drogas, terrorismo y represión se dan cita en esta historia publicada en formato digital en Libros del Arga.
Ana Oliveira Lizarribar
Diario de Noticias
Diario de Noticias
La mañana del 14 de julio de 1985 apareció a los pies del mirador de la Media Luna el cadáver de la joven de 15 años Clara Esparza. Treinta años después, Dimas, su hermano, vuelve a Pamplona para rastrear los últimos días de su hermana y averiguar qué ocurrió en realidad durante aquellas fiestas de San Fermín que acabaron en tragedia. Este es el planteamiento de Ya falta menos para ayer, la novela "más personal" del escritor navarro Eduardo Iriarte, que, con la excusa argumental de resolver un misterio del pasado, retrata una ciudad convulsa marcada por la droga, la violencia terrorista y la represión policial.
El libro salió a la venta el pasado lunes en formato digital a través del sello Libros del Arga, creado entre Iriarte y un grupo de colaboradores para editar online todas las novelas que ha publicado hasta la fecha en editoriales convencionales, dominando, así, todo el proceso. Precisamente, la posibilidad de controlar todos los detalles ha sido una de las razones por las que el escritor pamplonés ha editado Ya falta menos para ayer directamente de este modo. "No es un libro autobiográfico, pero sí muy personal, así que quería hacerlo todo exactamente como lo había pensado", dice. Además, junto a la novela, el autor ha creado un blog en el que irá introduciendo fotografías de aquellos Sanfermines o de temas relacionados con el argumento, y pronto colgará en Spotify las canciones que van apareciendo en el relato y que en algunos casos juegan "un papel decisivo en la resolución de la trama".
Tiempo de violencia
Esta historia nace, pues, envuelta en muchos elementos que demuestran la necesidad que tenía Iriarte de hablar de aquellos años.
[Seguir leyendo... http://www.noticiasdenavarra.com/2013/03/06/ocio-y-cultura/cultura/eduardo-iriarte-revisita-la-pamplona-de-los-anos-80-en-su-novela-mas-personal]
sábado, 2 de marzo de 2013
Allá vamos...
Ya
falta menos para ayer es una novela generacional en clave de misterio que transcurre durante
los Sanfermines.
El 1 de enero activamos
el blog de la novela.
El 2 de febrero
presentamos el perfil en Facebook de Libros del Arga.
Hoy 3 de marzo sale a la
venta.
Reservamos otras
sorpresas para los próximos meses…
Felices lecturas.
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lunes, 25 de febrero de 2013
Hijos de Babel
Patricio Pron tuvo la gentileza de presentar este libro en Madrid y de publicar en su blog una generosa reseña.
[Seguir leyendo... http://www.elboomeran.com/blog/539/patricio-pron/]
"A menudo ignorados, y en ocasiones traicionados por sus empleadores al tiempo que se los acusa a ellos mismos de traición, los traductores son mis héroes culturales. Aprendí a leer con ellos, descubrí autores gracias a ellos y recientemente comencé a descubrir lo que se siente ser uno de ellos traduciendo yo mismo algunos libros y también siendo traducido. Alguna vez (aquí y aquí) escribí también sobre ellos, pero esto tiene mucha menos importancia para mí que las oportunidades (siempre más escasas de lo deseable) en que los escuché o los leí hablando de su oficio, esa actividad misteriosa que consiste en traicionar un texto para serle fiel.
Un libro reciente, Hijos de Babel, permite al lector volver a pensar cuestiones tales como la traición, la recreación y la apropiación de los textos en otros idiomas. El libro reúne los testimonios de catorce traductores españoles: Juan Arnau, Marina Bornas, Paula Caballero, Rafael Carpintero, Mercedes Cebrián, Xavier Farré, Eduardo Iriarte, Martín López-Vega, Eduardo Moga, David Paradela, Amelia Pérez de Villar, Pablo Sanguinetti, Lucía Sesma y Berta Vías Mahou. Muy posiblemente sus nombres no digan demasiado al lector (excepto, por supuesto, los de Cebrián, Pérez de Villar, Farré, Moga, Iriarte, Arnau, López-Vega, Sanguinetti y Vías Mahou, que son narradores y poetas además de traductores), pero su importancia puede equipararse a la de los autores que han traducido, y que no existirían (o existirían de otro modo, quizás menos interesante) sin ellos: Orhan Pamuk, Stefan Zweig, Arthur Schnitzler, Joseph Roth, Gabriele D'Annunzio, Curzio Malaparte, Hiromi Kawakami, Henry James, Gore Vidal, Charles Bukowski, Zbigniew Herbert, Eugénio de Andrade."
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domingo, 17 de febrero de 2013
Safaris inolvidables
Confieso
que, a mi pesar, no soy lector de cuentos.
No
es que crea que un buen libro de relatos no está a la altura de una buena
novela; nada de eso. Lo que ocurre es que la brevedad del relato me deja por lo
general un regusto amargo, como cuando se invierte demasiado afecto en una
relación efímera. Esta semana, no obstante, he leído dos libros de relatos que
me han hecho replantearme esta premisa. El primero era Demasiada felicidad, de Alice Munro. El segundo, Safaris inolvidables. Ambos son
excelentes colecciones de cuentos, pero con este último no tenido en absoluto
esa sensación amarga de la que hablo, y no la he tenido porque los relatos
están tan bien trabados, tienen una estructura tan perfecta, que forman un
microcosmos tan sólido y perdurable como el de una narración de mucho más largo
aliento.
Pese
a su inmensa variedad de temas y escenarios, reunidos gracias a la fascinación del
narrador por Google Earth, Clemot habla de personajes y estados de ánimo muy
diversos, algunos casi antagónicos, pero todos subsumidos en una mirada
unitaria y un motivo que cohesiona todos los relatos, así como los esbozos de
historias que se apuntan dentro de los propios cuentos. Ese motivo no es otro
que la memoria como herramienta y condena, como prodigio y castigo a partes iguales.
Nadie
mejor que el propio Clemot para explicarlo con una de sus metáforas complejas y
exactas:
«La
memoria es una naviera importantísima y tiene más rutas que ninguna otra, se
unen y desunen lugares como la trenza de una colegiala o la crin de un caballo,
imágenes que nunca más se volverán a unir se atan y desatan, lugares azarosos,
deshabitados u oscuros, costas solitarias como el mar de la Odisea; el recuerdo
traza en el mar un enjambre de líneas espeso como un ovillo, como una maraña de
zarzas que esconde un profundo vacío, lleno de miedos, negro y feroz como el
ojo de un tuerto.»
Fernando
Clemot viene teniendo la sonoridad de un clásico desde sus inicios, y con cada
entrega esa sonoridad se va reafirmando, dejándonos el eco de las obras
pausadas y bien hechas.
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